CAP. 8 VARADERO NUBLOSO Y RETORNO A LA HABANA

Para el que no conozca Varadero, cosa difícil dada su fama como destino turístico, no requerirá de mucha introducción. Es una península de forma alargada, con mar a ambos lados, a modo de la Manga del Mar menor en Murcia, con la diferencia de que son 22 km de playa caribeña.

En esta zona es más fácil encontrar servicios. Y muchísimos hoteles pueblan la delgada línea de costa. La ventaja es que hay tantísimos kilometros de playa que no encontramos masificación. Si que quiero destacar el azul del agua, pudimos distinguir hasta cuatro o cinco tonos distintos. Del turquesa al azul más oscuro. 

En Varadero si está nublado no hay nada que hacer. Así que aparte de pasear por la playa y curiosear el barrio donde teníamos la habitación arrendada no hicimos mucho más. Allí conocimos a una pareja de italianos de mediana edad, con los que coincidimos varias veces por casualidad. Resultaba que también estaban viajando por largo tiempo, venían de México y iban a volver, nos dimos el contacto para tal vez vernos en el Yucatán. 

Al día siguiente regresamos a la Habana, a la misma casa donde nos habíamos alojado 20 días atrás. Parecía que fue hace una eternidad. La impresión que nos dio La Habana fue radicalmente distinta a la que nos dio la primera vez. Esta vez no nos llamó la atención su estado ruinoso, ya habíamos acostumbrado el ojo. Nos quedamos mirando sus grandes edificios coloniales y palacetes. Cuan importante es la perspectiva.

Nos recibieron especialmente bien en la casa. Estuvimos hablando con la familia hasta largas horas de la noche de nuestro viaje, de nuestra visión de las cosas, de la política cubana sin tapujos… Genial.

Si no fuera poco, la familia habló con una escuela cercana para que Alba pudiera ir un día a ver una jornada de clases de primaria y lo consiguieron. Alba pudo así realizar el objetivo que tenía en mente cuando ya parecía que no iba a poder. 

También fuimos por fin a la Fábrica del Arte Cubano, la discoteca museo de arte a la que no pudimos ir por dormirnos en fin de año. Escribo estas líneas en México, pero hasta el momento es el local de fiesta que más me ha gustado nunca. Una antigua fábrica reformada en museo que por la noche se convierte en discoteca. Un laberinto de pasillos con muchísimas salas, con diferentes estilos musicales, entre obras de arte moderno y gente bailando pasándoselo en grande. Además el precio de la entrada era muy barato, y la bebida también. Nos gustó muchísimo ese lugar y lamentamos no poder haber ido más. 

También dimos unos últimos paseos por La Habana vieja, vimos la ceremonia de los cañones de las 9 de la noche, que consiste en un disparo de cañón desde la fortaleza del Morro, al otro lado de la bahía de La Habana, disparados apuntando siempre hacia los EEUU. Nosotros lo vimos desde el malecón, bueno, lo oímos, ya que se ve bien poco.

La travesía hasta el aeropuerto el día de despedida no fue fácil, suerte que nos acompañó la familia hasta el lugar donde se agarraba el autobús, aún así luego tuvimos que subir en un bicitaxi para completar la travesía y llegar al aeropuerto por un camino de campo ya que no permitían a los bicitaxis llegar al aeropuerto, cosas que solo pasan en Cuba.

Aquí termina el viaje por Cuba, próximo destino: México!!

CAP. 7 DE TU QUERIDA PRESENCIA, COMANDANTE

Santa Clara, o Villa Clara, todavía no sé cuál es su verdadero nombre, pues algunos se le refieren por un nombre y otros por otro, no tiene mucho que ver, pero lo poco que tiene era para mí una visita obligada y quizás una de las que esperaba con más ganas. 

Santa Clara fue el lugar donde ocurrió una de las batallas más importantes de la Revolución. Donde las fuerzas del por entonces ejército rebelde revolucionario tomaron la ciudad y asaltaron un tren blindado con infinidad de armas de gran calibre que traían para el ejército del dictador Batista, probablemente facilitadas por los EEUU. Ésta fue la batalla que encumbró al Che como guerrillero y comandante militar, cuando, con muy pocos hombres y muy pocas armas, consiguieron hacer descarrilar al tren y hacer rendirse a los soldados que viajaban en el, no sin dificultad, gracias a tácticas de guerrilla. Terminaron apoderándose de todo el armamento que transportaban. Como homenaje a la heroica batalla, el gobierno revolucionario dejó los vagones del tren en el mismo lugar donde descarriló, y habilitó la zona como área de museo, con explicaciones de la guerra de la Revolución. Santa Clara también tiene una bonita plaza central donde pasar un rato, pero el verdadero monumento que yo necesitaba visitar era el mausoleo del Che. 

Vagones del tren descarrilado

Cuando el Che murió en Bolivia, pasó treinta años enterrado en una fosa olvidada, junto a sus compañeros de batallón. No fue hasta 1997 cuando se descubrieron sus restos y el gobierno boliviano decidió entregárselos a Cuba. Fidel decidió erigir un mausoleo para honrar su figura, que para finales de los 90 ya se había convertido en la figura mediática mundial que es hoy en día. El mausoleo consta de una gran estatua central, rodeada de otras esculturas artísticas todas relacionadas con el Comandante. Abajo tiene un subterráneo donde descansan él y todo su batallón en sencillas lápidas. También hay toda una zona de museo con pertenencias del mismo Che y sus compañeros, donde se repasa su vida. He visitado varias tumbas a lo largo de mi vida, la mayoría por estar ubicadas en algún tipo de monumento. Pero las únicas dos tumbas que visité específicamente para mostrar mis respetos a la persona que allí descansa fueron la de J.R.R. Tolkien, en un sencillo cementerio de Oxford, Inglaterra; y ésta misma. Dudo que al Che le gustara tanta grandiosidad como lugar de descanso, pero mejor así que en una fosa olvidada de Bolivia. Soy consciente de que fue una figura de luces y sombras, pero no puedo dejar de respetar a un hombre, que encontrándose en una situación de vida cómoda y fácil, de buena familia y licenciado en medicina en Argentina, decide abandonar todo y, tras dos viajes conociendo Latinoamérica,  ampliando sus conocimientos y afirmando su ideología, termina enrolándose en una misión suicida para liberar a un país que se encuentra a miles de kilómetros del suyo en el cual nunca había estado, y salir victorioso. No contento con eso, lo volvió a hacer, siendo ya un héroe en Cuba, ministro, comandante y lo que hubiera querido, decide volver a dejarlo todo y iniciar otra misión suicida en busca de liberar otro país, esta vez perdiendo la vida. No reconocer su valentía es no tener ojos. Al terminar me compré un libro en una librería que había al lado, y Alba alguna postal para su colección. 

Mausoleo del Che

Salimos de Santa Clara por la tarde, con los corazones llenos de sentimientos ideológicos, para meternos en la boca del lobo del capitalismo en Cuba, llegamos a Varadero. No había nada en Varadero que nos llamara en demasía la atención como para ir, pero ya no quedaban transportes hacia La Habana, y mi curiosidad profesional quería ver como era una zona de hoteles resort. Aunque no nos alojamos en ninguno y nos mantuvimos fieles a las casas arrendadas de cubanos, puesen el barrio de Santa Marta de Varadero había bastantes, y a solo quince minutos a pie de la famosa playa.

CAP 6. CAMAGÜEY, ME CAYÓ SEMBRAO!

El trayecto hasta Camagüey, personalmente lo sentí como el peor de toda Cuba. Salimos en un Jeep desde Baracoa, en la parte de atrás, sentados en dos diminutos bancos a lo largo del vehículo, frente a frente, íbamos unas 8 personas. No había espacio ni para poner la espalda recta, pues la cabeza me daba a las barras de hierro que hacían de techo, que era una lona. La carretera era terrible, llena de baches gigantescos. Al cabo de 2 horas bajamos del vehículo para que nos subieran en otro, un coche Moskovitch de los lejanos años 20. Una reliquia de casi cien años que para su edad estaba bastante bien conservado, pero igualmente, el coche iba con 9 personas embutidas dentro. A la hora de trayecto tuvimos que parar por que se saltó la correa del cambio del coche, perdiéndose por el camino. No era la primera vez que le sucedía al conductor, pues llevaba otra de repuesto, que instaló en unos 20 minutos. Finalmente llegamos a Holguín, ciudad que era de paso para nosotros pues el destino era Camagüey, nos dejó muy lejos de la terminal de Viazul, así que tuvimos que andar casi una hora con las 2 mochilas a la espalda bajo el sol del mediodía. Cuando por fin llegamos a la estación nos dijeron que el Viazul no salía hasta las 7 de la tarde. un hombre nos ofreció un colectivo que salía en breves, a un precio similar, así que aceptamos. El colectivo resultó ser un camión, con asientos instalados a modo de autobús, tan pegados que no me cabían las piernas y las tenía que poner en el pasillo. El asiento hacía un ruido escandaloso cual cama de motel ruinoso desgastada por el sexo. Al final de tantos apuros, por fin llegamos a Camagüey.

Camagüey es la tercera ciudad más grande de Cuba, tras La Habana y Santiago. La ciudad no tiene mucho que ofrecer al turista, a parte de una bonita calle a modo de boulevard central, y un par de plazas bonitas. Sin embargo para nosotros era un destino obligado, ya que allí habían personas esperando por nosotros.

Esta chica habla hasta con las piedras

Todo esto empezó como tantas otras cosas, con Alba en Valencia semanas antes del viaje, contándole a su amiga Lucía que nos íbamos a Cuba de viaje. La pareja de Lucía, Jesús, es cubano, de Camagüey. Antes del viaje quedamos un día los cuatro juntos para cenar, para que nos recomendara partes de Cuba. Hicimos muy buenas migas y concluímos en que le traeríamos regalos de navidad a la familia de parte de Jesús, y estaríamos unos días allí con ellos. Además era una buena ocasión para que durante ese tiempo con ellos, estando con gente de confianza, Alba pudiera intentar hacer algún tipo de colaboración o voluntariado en alguna escuela, pues era su gran objetivo de todo el viaje, el ver como estaba la educación por Latinoamérica y experimentarla de primera mano. De ahí la importancia de llegar a principios de semana a Camagüey a la hora de planificar.

Estuvimos toda la semana en Camagüey, hasta el domingo, en casa de Carlos, uno de los dos hermanos de Jesús, junto a su mujer Cory, y la reina de la casa, Caroline, su preciosa niña de dos años. 

Me emociona el sólo hecho de escribir sobre ellos y lo extraordinariamente bien que nos trataron. Lo que pueda contar aquí se quedará corto, pero explicaré un poco. Estas buenas personas abrieron las puertas de su muy humilde casa a dos extraños, nos dieron de comer, nos sacaron a cenar, nos llevaron al bar donde trabajaba Carlos, acompañaron a Alba a la escuela a intentar que pudiera estar en alguna clase, nos lavaron la ropa y nos dieron un nivel de confianza y cariño que nos abrumó. Pudimos conocer a los padres de Cory, su madre resultó ser una mujer muy cariñosa que nos cayó genial, veterinaria en una empresa de industria cárnica que nos llamaba todos los días para que no nos faltara de nada; y su padre un artesano que no puedo dejar de admirar, de más joven se dedicaba a pescar en la costa. Me lo contó una tarde que fuimos a hacer el café con el. Descendía buceando a pulmón hasta 40 o 50 metros de profundidad, con dos arpones, y pescaba tiburones, mantas, y todo bicho viviente que estuviera en la oscuridad del fondo. Nos regaló dos dientes de tiburón, uno para cada uno, incrustados en preciosos coal negro, de un puñado que guardaba en una cajita de madera como un tesoro. Aquella tarde estuve embelesado escuchando sus historias de pesca como si hubiera conocido al viejo de la novela «El viejo y el mar» del omnipresente Hemingway. También nos regaló una talla gigantesca de madera de caoba, con unas figuras de peces talladas por él mismo artesanalmente, que ni nos cabía en la mochila, así que se la cambiamos por una más pequeña, igualmente increíble. A la madre de Carlos apenas la pudimos ver un momento, y su padre vive en España.

La pequeña Caroline haciendo de las suyas

Pasamos la semana relajadamente con ellos, ya nos estábamos aclimatando al medio cubano, yo aprendía expresiones como mi favorita «me cayó sembrao», que se dice después de una comida que te deja muy satisfecho, que me enseñaban Cory y Carlos; y Alba ya llamaba a los cocheros y negociaba precios al comprar como una cubana más. Precisamente Alba intentaba que la aceptaran en alguna escuela de la ciudad infructuosamente. En las escuelas tenían reparos a que un extranjero se presente por allí queriendo dar clase, desconfiaban de que quisiera grabar la clase en vídeo con el móvil y luego hacer a saber qué en las redes sociales, así que la mandaban al ministerio a hacer solicitudes burocráticas para las cuales nunca estaba presente la persona que lo gestionaba. Fue una lástima.

Centro de Camagüey

Durante la semana también se dio la casualidad de que se estaba jugando la final nacional de pelota, como ellos llaman al béisbol, deporte rey en Cuba. Precisamente Camagüey había llegado a la final por primera vez en treinta años. Jugaba contra Matanzas, y ganaba el primero que ganara 4 partidos. La final se puso 3-1 para Matanzas y jugaron un partido en su campo por el título, que vimos por televisión. Si Camagüey ganaba vendrían a jugar a su ciudad el resto de partidos, nos apostamos con Carlos que si ganaba Camagüey cambiaríamos el billete con el que nos íbamos a ir, para poder quedarnos un día más y ver el partido en el estadio con el. Y Camagüey ganó, así que eso hicimos. Nos quedamos de piedra al saber que la entrada era gratuita, igualito que en Europa. La parte negativa de ser gratuito era que el primero que entra se queda el asiento, así que para un partido que empezaba a la una del mediodía tuvimos que estar a las ocho de la mañana ya dentro del estadio. Cory no pudo venir por que no había nadie que se pudiera quedar con la pequeña Caroline, así que fuimos solo con Carlos. No había jugado a béisbol desde la escuela primaria, así que algunas normas muy concretas no las entendía, pero tras varias preguntas fue fácil comprender lo que pasaba en el campo. Camagüey jugó un partido desastroso y Matanzas se acabó llevando el título, vimos la entrega de las copas y, por casualidad, salimos por la TV nacional cubana en primer plano cuando el cámara enfocó al público. El precio de la fama.

Despedirnos de la familia fue muy duro, ya nos habíamos encariñado mucho con ellos, especialmente con la pequeña Caroline, que se hace de querer con facilidad. Estaban iniciando los trámites del visado para mudarse a Valencia, donde Lucía y Jesús les esperan con muchas ganas. Sería increíble que cuando volviésemos a España ya estuvieran allí. En breves les confirmarían o no el visado, deseé con todas mis fuerzas que así fuera.

Vamos Camagüey!

Nos fuimos con gran pena una madrugada en Viazul, camino de Santa Clara, donde pasaríamos el día y cogeríamos otro por la tarde hacia Varadero.

CAP 5. BARACOA, POBLACIÓN MÁS ANTIGUA DE CUBA

Baracoa es una pequeña población en el extremo oriente de Cuba, en una fértil región bañada por hasta 24 ríos. Es la zona donde se cultiva el cacao, en gran cantidad y única en Cuba, que se exporta luego al extranjero. La villa es de gran importancia histórica, pues es la más antigua de Cuba, fundada en el año 1511. Dada su antigüedad no me sorprendería que fuera de las más antiguas de todo el continente americano. Al menos desde el descubrimiento de Colón. Fue aquí precisamente, en la misma cala donde se ubica la ciudad, donde desembarcó el propio Colón en la segunda travesía que realizó hacia América. Y todavía más, en la iglesia de la ciudad se puede ver la única que se conserva de las 29 cruces de madera que plantó el mismo Colón al pisar tierra por todos estos lares y reclamarlas en nombre de la Corona Española. O eso se dice. La realidad es que un laboratorio suizo le realizó las pruebas del carbono 14 para determinar su antigüedad, además de otras pruebas, y concluyeron que sí, que la madera de esa cruz fue talada alrededor del año 1500 y que es una madera proveniente de la zona de Baracoa. Luego cada cuál con sus creencias. Para terminar, es una región con gran cantidad de excursiones alrededor, en todas direcciones, con mucha naturaleza, que da para varios días. Lo sorprendente de todo esto es lo poco explotado que está el turismo, dados los atractivos que ofrece la zona. Encontrando precios realmente bajos y muchas cosas por hacer.

Tras la ya clásica búsqueda de alojamiento que satisficiera nuestras necesidades y bolsillos, encontramos una casa al tercer intento. La regentaba un simpático matrimonio, con dos hijos de piel clara como la leche y pelo rojo como el fuego, al más puro estilo irlandés, cosas de la ya mencionada genética mixta cubana. 

En Baracoa pudimos habernos quedado más tiempo del que estuvimos, pero nuestro objetivo era llegar a Camagüey en lunes y llegamos en sábado. Aún así aprovechamos el tiempo al máximo. Paseamos por la ciudad, vimos la ya mencionada iglesia con su cruz. Subimos la colina hasta unas cuevas, que funcionaban a modo de museo arqueológico, pues allí habían enterramientos y restos de los indios indígenas que habitaban la zona hasta que llegaron los españoles y los exterminaron. Las cuevas eran amplias, y había bastantes restos de esqueletos, la vista de toda la bahía era impresionante, y no dejaba de preguntarme cómo habría sido para aquellos indígenas ver la llegada de las carabelas españolas desembarcando en la bahía. Un hecho histórico para toda la humanidad, pues aquel encuentro cambió el mundo para siempre.

En la plaza de la iglesia también habían monumentos dedicados a Hatuey, aquel indígena que fue el primero en resistirse a los españoles. Muy curioso fue el encuentro de una estatua de un vagabundo, y más curiosa su historia. Pues resultó ser un vagabundo de origen español, conocido como «el Pelú», el cual estaba demente y gritaba a la gente por la calle, ganándose la enemistad del pueblo. Un día el Pelú maldijo a la población, diciéndoles que empezarían grandes proyectos pero ninguno verían terminado. Así explican los lugareños la falta de desarrollo de la villa. A mi no dejaba de recordarme a un amigo. Demasiadas similitudes.

El Pelú

El domingo hicimos una excursión muy prolífica tras un gran desayuno en el que probamos hasta 6 frutas diferentes. Un taxista nos hizo una especie de tour a buen precio durante todo el día. Primero visitamos a una familia que se dedicaba a cultivar y procesar el cacao. Vimos los árboles, como recogían el fruto, y todo un proceso de convertirlo en chocolates, polvos, mantecas, etc.  No teníamos ni idea y fue muy interesante. 

A continuació nos dirigimos a la pequeña aldea de Yumuri, donde pasa el río del mismo nombre. Cuentan que el nombre venía de cuando los indígenas se suicidaban tirándose al río desde la montaña, para no ser sometidos por los españoles, al grito de «Yo morí!!». Credibilidad muy baja. 

Es una pequeñísima aldea a primera línea de mar, que en tiempos recientes ha sufrido muchísimo por huracanes tropicales. Allí el taxista nos dejo en manos de un guía, un simpático señor, profesor de primaria jubilado, que ahora se dedicaba a esto. Nos llevó a lo alto de una colina, donde se divisaba el frondoso cañón por el que pasaba el río. Inabarcables eran sus conocimientos de botánica, cada pocos metros se paraba a explicarnos una planta y sus propiedades, también para que se hacía servir y sus beneficios medicinales. Nos mostró el caracol endémico de la zona, que solo se encuentra en esa región, de colores amarillos y naranjas, con unos preciosos dibujo en las conchas, bonitos de verdad. Luego bajamos a la desembocadura del río, donde había un pequeño embarcadero, nos subimos a una bote de remos y nos adentramos en el cañón. No pude evitar el acto de piratería y me apoderé de la embarcación y sus remos, remé río adentro, entre cangrejos y nidos de colibrí. Cuando el guía lo indicó apee la embarcación en una pequeña isla del río y proseguimos el camino a pie. Cruzamos el río por un vado que nos llegaba a la rodilla, y cogiendo luego un pequeño sendero que lo bordeaba, entre la jungla y más clases de botánica. Al fin llegamos a una zona con unas vistas impresionantes del cañón y una zona idónea para el baño. Eso hicimos, nos bañamos, saltamos de algunas rocas, y jugamos a tirar piedras en sus tranquilas aguas, a ver quién podía hacer saltar las piedras más veces por la superficie.

Caracoles!

Al cabo de un rato regresamos, nos cayó una lluvia torrencial que duró apenas cinco minutos, y volvimos en la embarcación de remos. Esta vez fue Alba la que quiso probar de remar, sin demasiada habilidad. Terminamos comiendo en un pequeño bar de la aldea, donde nos cocinaron un poco de pulpo y tetí, un minúsculo pez del tamaño de una uña, de cual se desconoce prácticamente todo. Sólo se sabe que baja por el río únicamente los días de luna creciente, pero no se sabe bien por qué. Sabroso. Al regresar el taxista nos paró en una paradisíaca playa, la mejor de la zona según el, ya que en días de marejada, como ese mismo día, la gente igual se podía bañar por que la playa disponía de una barrera de coral natural que actuaba de rompeolas. No nos pudimos bañar por el frío viento que se giró, pero paseamos por la playa. Me sorprendió que no hubiera ningún tipo de inversión turística, a mi esa playa me pareció mucho más bonita que Varadero.

Vadeando el río Yumuri

Regresamos a casa y tuvimos una larga charla, en privado, con el dueño de la casa, sobra la situación de Cuba. Nos contó cosas buenas y no tan buenas del régimen y amplió nuestra visión del mismo. Luego planeamos la ruta hacia Camagüey. Era difícil por que en Viazul había que volver hasta Santiago, realizando un rodeo amplio, que nos consumiría tiempo y dinero en gran cantidad. Se nos brindó la posibilidad de ir en colectivo hasta Holguín, por un chico que nos paró por la calle y se olía nuestra situación, desde Holguín podríamos ir en Viazul hasta Camagüey, en un viaje mucho más directo, pero por unas carreteras que hasta los mismos cubanos definían de malísimas. Terminamos eligiendo esa opción, por precio, tiempo y ver zonas nuevas. Lamentando no poder ver más zonas de Baracoa, habría dado para un par de días más, pero el objetivo era llegar a Camagüey en lunes. 

Acto de piratería

CAP. 4 CUANDO LLEGUE LA LUNA LLENA IRÉ A SANTIAGO DE CUBA

Nuestra visita a Santiago fue fugaz, llegamos de noche, casi a las 12, helados por la potencia del aire acondicionado del autobús. A estas alturas del viaje ya viajábamos sin reserva de alojamiento para dormir. Así que nos encaminamos hacia el centro de la ciudad, guiados por el mapa del móvil. Sin ningún tipo de temor.

La seguridad ciudadana en Cuba merece mención especial. El gobierno, puede que por proteger el turismo, puede que por limpiar la imagen internacional que se tiene de su país en el extranjero debido a la propaganda de los medios, es muy represor con la criminalidad, especialmente proteccionista con el turista. Durante un mes en Cuba paseamos por la noche, por calles poco iluminadas, con las mochilas, sacamos dinero de cajeros y nunca sentimos el menor atisbo de peligro o amenaza. Claro está que en todos los lugares hay manzanas podridas y hay que tener sensatez. Pero en tema de seguridad, nada que envidiar a España, quizás incluso al contrario. No obstante hubo un sólo momento donde nuestra seguridad se vio comprometida, de forma más cómica que real. Paseando por la ciudad se oyeron un par de explosiones considerables, que provenían de la siguiente esquina a la cual nos dirigíamos, a muy pocos metros. La gente empezó a gritar y huir, y se oyeron más explosiones seguidas, parecían disparos. Resultó ser un transformador eléctrico en la fachada de un edificio, que se había prendido fuego y petardeaba considerables chispazos. Aunque hubo un momento de estrés hasta que lo descubrimos, con toda la gente a nuestro alrededor huyendo y mi querida Alba mirando embobada sin reaccionar, preguntando «¿Qué pasa?» mientras yo le tiraba fuerte del brazo. Ahora todo son risas.

Alba haciendo amigos

Subimos por la arteria principal de la ciudad, una calle peatonal conocida como Enramada, que sube desde el malecón hasta la parte alta de la ciudad, siendo ésta cruzada perpendicularmente por gran cantidad de calles, a modo de ramificaciones, de ahí el nombre. En la enramada, cada pocos metros, había inscripciones en las paredes de artistas y personalidades, que mencionaban a la ciudad, me gustó especialmente una de Lorca. «Cuando llegue la Luna llena, iré a Santiago de Cuba, iré a Santiago de Cuba». Constatamos que cuando la leímos era luna llena, Alba no cupo de gozo. El pobre Federico nunca llegó a visitar la ciudad, un levantamiento militar fascista se lo impidió, pero dejemos ese tema. Visitamos un par de alojamientos sin estar satisfechos hasta que un par de cubanos nos acompañaron hasta uno que nos gustó. Su comisión se llevarían por parte del propietario. 

Vista desde el malecón

En Santiago no hay tanto que ver, puedes acercarte al cementerio. Lugar donde están enterrados grandes personalidades de la historia cubana, como Jose Martí y el mismo Fidel Castro, este último sin grandes decoraciones, su tumba es una gran roca, con una placa con su nombre, sin más. Al parecer prohibió el culto a su personalidad para cuando muriera, así que no encuentras calles a su nombre ni estatuas dentro de la constante propagada que puebla las calles cubanas. Imagino que tomó esa decisión cuando vio como en Rusia volaban las cabezas de Lenin y compañía cuando calló la URSS. En el cementerio, a las 11 de la mañana realizan un ceremonioso cambio de guardia militar, como en tantos otros sitios. Todo esto lo vimos por casualidad y desde la distancia, pues en la entrada pretendían cobrarnos entrada por acceder al cementerio. Recuero haberme indignado mucho y no montar el número por que Alba me insistió en que lo dejara estar. No me entra en la cabeza que se tenga que pagar por acceder a un cementerio, no me entra en la cabeza que el turista venga desde otro país, se moleste en visitar el lugar de reposo de grandes personalidades históricas, y se le pretenda cobrar por ello. Hacer negocio a costa de los muertos. El mimo Fidel se levantaría de la tumba ante tal acto capitalista si no tuviera esa enorme roca encima.

Las enrramadas de Santiago

También visitamos la Catedral, que todavía lucía la decoración navideña, incluidas unas luces de árbol de navidad por el interior de la misma, alrededor de la zona del altar, que le daban un aspecto bastante ortera, que en mi pueblo llamaríamos «coent».

Había también varios locales de música en vivo, hay uno en concreto, llamado «La casa de la Trova», que tiene como una especie de sucursales por muchas de las poblaciones de Cuba. Al igual que la Bodeguita del medio. En Santiago fue realmente difícil encontrar cerveza, según nos dijeron por que se había terminado toda en los festejos de fin de año, cosas de la escasez. La única que encontramos era una de producción local, llamada Hatuey, en honor al primer indio americano que enfrentó a los colonizadores españoles. Horrenda, la verdad. Pero nos tomamos unas pocas paseando por el malecón, mientras un grupo de adolescentes se entretenía bailando ritmos latinos al son de una radio. Me voy a referir siempre con el nombre de ritmos latinos a toda la música que engloba salsa, bachata, merengue, etc. por que no tengo ningún tipo de conocimiento del tema y no sé distinguirlas entre sí.

El cementerio de la polémica

No pudimos visitar la iglesia de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba. Esta en una localidad cercana a Santiago pero el coste de la visita no resultaba barato. La iglesia está ubicada en una colina, rodeada por unas minas de cobre, de ahí el nombre. Al parecer es bonita y digna de visitar, pero no pudimos ir.

No estubimos mucho tiempo en la ciudad, pronto nos fuimos a nuestro siguiente destino, la histórica población de Baracoa. En el extremo oriente de la isla.

CAP. 3 LE LLAMABAN TRINIDAD

Llegamos a Trinidad al mediodía, en la estación había un taxista en concreto, entre los muchos que había esperando a la llegada de turistas, que portaba un cartel con nuestros nombres, esto se debía a que la familia con la que nos alojamos en La Habana se puso en contacto con un contacto de Trinidad para hacernos la reserva y esta nos había mandado a un taxista a buscarnos. Decisión que suelen tomar para que no les roben las reservas los dueños de otros alojamientos. 

Trinidad es una preciosa ciudad en la zona central de Cuba, junto a la costa sur de la isla. Bonita ciudad sobretodo en la zona del centro, declarada Patrimonio, con unas llamativas casas de colores e iglesias de estilo colonial, en empedradas y estrechas calles. Llamaba mucho la atención como por el centro de muchas de éstas corría un pequeño riachuelo incesantemente, al parecer era un problema con las cañerías del agua potable, que se habían tomado con mucha calma para reparar, y, en ese momento, a pocos días de la visita de una delegación del gobierno, estaban reparando a toda prisa. Trinidad, además, se encuentra en una ubicación idónea para realizar excursiones en las zonas próximas: Playa Ancón a apenas 8 km, la mejor playa de la costa sur de Cuba. El Valle de los Ingenios a unos 15 km hacia el este, una zona rural con pequeñas aldeas donde se encontraban las principales explotaciones de azúcar de Cuba, con grandes haciendas muy bien conservadas. Los Topes de Coyantes a 20 km hacia el norte, empinadas montañas con rutas a caballo y algunas cascadas. Esta última excursión no la realizamos. Y es que para realizar las excursiones la forma más habitual es ir en taxi por un coste nada barato por cabeza, o mixto de taxi y rutas a caballo, que descartamos por motivos ya explicados.

Calles de Trinidad

Nuestra anfitriona respondía al nombre de María, una muy agradable señora mayor con la que hicimos también gran amistad. En su casa nos sentimos muy cómodos, la habitación arrendada estaba separada de la casa, con un bonito patio entre ambas estancias. Hasta el momento parece que todos los anfitriones fueron maravillosos y esto deja una sensación de poca credibilidad. Si bien no tuvimos absolutamente ningún problema en ninguna casa cubana arrendada, las amistades que hicimos en estos tres primeros alojamientos fueron las más fuertes de nuestro viaje por Cuba, llegándonos a añadir en redes sociales para poder mantener el contacto al irnos, hecho que efectivamente seguimos haciendo en mayor o menor medida. María nos cocinó, nos presento a su hijo por videollamada, que vive en España, nos hizo varios regalos para llevarnos de vuelta a España, nos lavó la ropa… Muy agradecidos.

El primer día al llegar a un nuevo destino siempre fue de ubicación de los puntos de interés de la ciudad, del alojamiento, de qué se puede hacer y ver, y de comprar comida para cocinar, con el tiempo que ello requiere dada la soberana escasez. 

El segundo día lo invertimos yendo a la playa, Playa Ancón es una playa de tamaño grande, en la que ya se estaban empezando a construir los malditos resorts, pero de momento solo había un par de hoteles. Arena blanca caribeña, tres tonos de azul distintos en una agua muy clara, agradables palmeras… Que bien se vive, en el Caribe! Estuvimos un par de horas jugando a voley con clientes del hotel, y vimos uno de los mejores atardeceres que disfrutamos en Cuba. El precio de disfrutar el atardecer en la playa fue caro por que nada más anochecer fuimos atacados por los mosquitos. Por suerte no un mosquito gigante como el mosquito tigre que puebla España, sino unos diminutos insectos casi transparentes que dejan unas picadas diminutas inofensivas pero molestas, los cabrones son inmunes al repelente y pican sin piedad. Al día siguiente conté no menos de cien picotazos solo en las piernas.

Atardecer en Playa Ancón

Para el tercer día estábamos indecisos con las excursiones por su alto coste. Tras darle muchas vueltas y estudiar la situación decidimos escapar por la tangente y nos alquilamos una moto tipo scooter, no sin poca dificultad para encontrarla, a un precio inferior a cualquiera de las excursiones. Gracias a la moto pudimos ir al Valle de los Ingenios y volver a la playa en un mismo día, completamente a nuestro aire. El tráfico además en esta zona era muy tranquilo y el asfalto, en comparación con otros lugares de Cuba, estaba en excelentes condiciones.

Al Valle de los Ingenios se llega en 20 minutos, no es un punto concreto, sino varias villas pequeñas. El primer punto fue un mirador desde donde se podía admirar buena parte del Valle en una vista espectacular. Había una tirolina de larguísima distancia entre dos montañas. Si no hubiese hecho un viento tan fuerte como el que hizo ese día nos habríamos tirado, sin duda. Como ya he mencionado, en este valle se encontraban las principales haciendas de plantaciones de azúcar de Cuba, éstas, en algunos momentos del siglo XVIII, se ubicaron entre las mayores exportadoras de azúcar a nivel mundial. Por supuesto, en estas haciendas quién trabajaba eran esclavos negros traídos directamente desde África, al mismo modo que en las plantaciones de algodón de los estados sureños de los Estados Unidos.

Rider on the storm

Es una buena ocasión para hablar de la genética cubana. Cuba no tiene un prototipo genético indígena fácil de identificar, como sí tienen de forma muy evidente países como Ecuador o Perú, con personas bajitas, de tez morena, caras redondas pelos lisos y hombres lampiños… En Cuba se encuentra una mezcla genética que no encontré en ningún otro lugar del mundo. Hay tres grandes grupos influyentes: la genética indígena, de aspecto típicamente indio americano, difícil de identificar en la población, únicamente en pelos largos oscuros y lisos, o rasgos como alguna nariz grande y ancha; la genética española y blanca en general, heredada de los conquistadores españoles que habitaron en Cuba más tiempo que en ninguna otra colonia española de ultramar, se identifican fácilmente sus rasgos en la cantidad de personas de raza blanca que hay, en las barbas de algunos hombres o en los ojos claros; y por último la genética africana, proveniente de los esclavos africanos, con todas las típicas características de las personas de raza negra, el color, la gran altura, las facciones marcadas, el pelo rizado, etc. Lo realmente llamativo y fantástico es la mezcla total entre estos tres tipos además de otros. Dando resultado en familias de tres hermanos en los que resultan uno blanco, uno negro y, cómo no, uno mulato. Dada la historia de Cuba del último siglo, este hecho se acrecentó, no fue difícil ver negros con ojos achinados por tener algún familiar asiático, mulatos de ojos muy claros, y demás mezclas que le dan a Cuba una diversidad poblacional muy amplia y llamativa en una sociedad que no conoce el racismo de ningún modo.  

En la aldea más grande del valle, llamada Manaca Iznaga, probamos el jugo de azúcar, una bebida sacada directamente de la caña de azúcar con una extraño aparejo manual de gran tamaño por el que se pasan la cañas y las «exprime». Una bebida dulce en extremo, no nos pudimos terminar ni el vaso. En esta pequeña aldea, poblada de pequeños puestos de venta ambulante cual mercadillo, también puedes subir a un enorme campanario, visible prácticamente desde toda la zona, al estilo ciudad imperial del Elder Scrolls Oblivion. Infinidad de pisos de estrechas y empinadas escaleras hasta la última planta, donde gozamos de una espléndida visión de 360 grados de todo el valle. Curiosamente el campanario se alzaba en solitario, y no estaba adosado a ninguna iglesia, ni había ninguna cercana. Desconozco si por derrumbe o por que nunca llegó a haberla. 

Campanario de Manaca Iznaga

Otros lugares históricos cercanos a los que llegamos con la moto fueron la antigua estación de ferrocarril, ahora museo, que servía para transportar todo el azúcar producido hasta el puerto, y un par de haciendas. Destaca la Hacienda Guaimaro, ahora declarada sitio histórico. En el siglo XVIII era regentada por un marqués español, que poseía más de 350 esclavos. Ésta hacienda llegó a ser la mayor productora de azúcar a nivel mundial. Hoy en día es un pequeño museo, la verdad es que el edificio es bastante impresionante. Pero allí ya no se cultiva azúcar y, afortunadamente, tampoco hay esclavos.

Hacienda el Guaimaro

La otra excursión, la de los Topes de Coyantes, no era un lugar al que se pudiera llegar con una scooter, por lo empinado de la carretera, la larga distancia, y la cantidad de curvas. Declinamos la posibilidad de verlo y lo que hicimos por la tarde fue volver a la playa. Al atardecer devolvimos la moto justo a tiempo antes de que cerraran. 

El siguiente destino fue Santiago de Cuba, debería haber sido Camagüey, lugar al que teníamos que visitar forzosamente por motivos que ya explicaré cuando llegue su propio capítulo, pero no nos encajaba llegar en fin de semana. Tras estudiar los horarios de buses de Viazul decidimos llegar al extremo oriente de la isla e ir regresando.

La mañana siguiente nos despedimos de María y de la ciudad de Trinidad. Y nos embarcamos de nuevo en la guagua. Perdí la cuenta de la cantidad de horas de viaje que llegamos a hacer, sólo sé que en los primeros veinte días de viaje me llegué a leer tres libros completos. Leyendo únicamente en el transcurso de viajes de autobús y algún rato corto antes de dormirme en la cama. Para las mentes más curiosas fueron La isla del Tesoro, el primero de la saga de The Witcher, y Tokio Blues. Éste último me dejó tocado y fue cuando decidí dejar de leer por unos días y empezar a escribir.

CAP 2. VIÑALES, JOU BIUTIFUL LLU ARR

Llegamos a Viñales tras varias horas de trayecto y una breve parada en un lugar llamado Las Terrazas, de gran belleza natural. Un apacible lago rodeado de frondosas montañas.

Viñales es un pequeño pueblo en una llanura rodeado de montañas y valles, sin grandes edificios y bastante tranquilo en comparación a la ciudad. El lugar más bonito de los que vi en Cuba. Tiene fama de ser una zona rural y de vivir todavía de la agricultura y de sus famosas fabricas de puros, pero no es verdad, el turismo ya ha llegado aquí también, con sus cosas buenas y malas. Buenas como la gran oferta de alojamientos de casas de familias, prácticamente todo el pueblo tiene una habitación disponible para la renta, buenas como la «facilidad» para encontrar los servicios que necesitamos los extranjeros (agua embotellada, cajeros, tiendas de comida, y bares baratos). Luego me extenderé en este tema de la adquisición de productos.

Como hicimos gran amistad con el grupo de argentinos decidimos alojarnos todos en el mismo lugar, rentamos 3 habitaciones dobles a una familia adorable que nos trataron de forma increíble. Franc, María Antonia y el resto de la familia no trataron de forma excelente durante las tres noches que nos alojamos allí. Nos dejaron utilizar su propia cocina, nos llevaron a una plantación de tabaco con visita gratuita. Allí vimos el proceso de creación de los famosos puros de Viñales, donde los realizan 100% ecológicos sin ningún añadido químico, incluso nos regalaron uno que nos fumamos allí mismo. El filtro que utilizamos para fumarlo fue miel, dato completamente desconocido para todos nosotros y que le dio al puro un toque genial. Me gustó como el chico que nos hizo la visita nos explicó todo el proceso del tabaco, se nota que tenía muchos conocimientos del tema. Su familia hacía doscientos años que trabajaban en esa misma plantación y fábrica de tabaco. También él fue otro que no estaba muy contento con el gobierno cubano, ya que este se quedaba el 90 % de el tabaco producido, y solo les dejaban el 10 % para la venta y beneficio propio. Se ve que también les daban el material de cultivo, salario y algún beneficio más pero sobre esos datos no nos concretó mucho.

El proceso de fabricación del puro

Con el grupito de argentinos hicimos gran amistad, las chicas nos dieron una lección de perseverancia al hacer la compra. Estuvimos persiguiendo al carro de la fruta por todo el pueblo, preguntando en cada esquina, hasta que lo encontramos, y pudimos comprar. A ellas, al ser veganas, les corría más apuro. Pero fue una lección de como comer barato que nos aplicamos a nosotros mismos para el resto del viaje. Mención a parte merece la fruta de Cuba, la piña, que en España no puedo comer más de una rodaja por que me parece muy ácida, en cuba me la puedo comer entera. Tienen varios tipos de plátanos de distinto tamaño, y un montón de frutas con la letra Y o que parecen nombres de aves tropicales. Guayaba, papaya, guanabana y no sé cuantas más. Pudimos descubrir muchos sabores nuevos para nosotros.

También fuimos en grupo juntos a la playa, concretamente a Cayo Jutías. Una paradisíaca playa caribeña a la que nos costó llegar 1 hora larga de trayecto en un camión adaptado a autobús que nos reservó Franc en el que iban más turistas. Especialmente cómicos un grupito de americanos que ya subieron borrachos. En el camión nos juntamos con otra pareja de argentinos y un uruguayo. Con tantos miembros argentinos y uruguayos fue inevitable que nos introdujeran en la cultura del mate. Esa infusión de hierbas que se toma compartiéndola, a modo de socialización, a la que están adictos. Se llevan el termo y la taza a todas partes. Está rico.

En Viñales también son típicas las excursiones a caballo, pero ni el presupuesto nos llegaba, ni las chicas querían montar, a Alba tampoco le hacía nada de gracia, sufre al verlos. Así que nos fuimos los seis del grupo hispano-argentino una mañana de excursión a pie, hasta el mural de la prehistoria. El mural de la prehistoria es una ida de olla, según dicen, del mismísimo Fidel Castro. Cuentan que sobrevolaba la zona un día en helicóptero y, al ver una de las montañas cercanas a Viñales, con un corte limpio gigantesco, mandó que se hiciera allí sobre tan grande lienzo una pintura artística sobre la evolución del ser humano. Y que se lo encargó al mismo Diego Rivera, que al parecer solo dirigió el trabajo. Desconozco si tan pintoresca historia es real pero no se me ocurre una explicación mejor para tan extraña obra. La caminata hasta el mural discurre por un precioso valle entre las montañas con unas increibles vistas. Solo en Vietnam había visto parajes más bellos. Apenas unas pocas granjas pueblan la zona, con sus animales sueltos. Al llegar al mural decidimos avanzar un poco más. La conversación del grupo fue exquisita. Me quedé muy sorprendido del nivel de conocimientos políticos y activismo que tenían estas dos parejas que ni se conocían antes del viaje. Pude aprender un poco sobre política argentina, del peronismo, de Macri, y también de historia política de Sudamérica. Sentí envidia sana de las inquietudes que tenían estos jóvenes argentinos, en España es difícil encontrar jóvenes con éstas y con estos conocimientos históricos y políticos, incluso en el entorno universitario.

Valle de Viñales

Sobre la dificultad de comprar comida y otros productos, que mencioné algunos párrafos atrás, me gustaría matizar. En Cuba todo escasea, los «supermercados»  por llamarlos de alguna manera, se quedan sin producto, así como los bares y restaurantes. Puede llegar a ser bastante molesto y requiere de desarrollar tu paciencia a la hora de hacer la compra. Los cubanos ya están acostumbrados. Este hecho me hizo reflexionar. ¿Es mejor nuestro sistema con grandes supermercados a rebosar, en los que cada día se tiran kilos y kilos de comida a la basura? ¿Es mejor nuestro sistema, en el que toda esa cantidad de producto requiere de inmensa cantidad de energía para su producción y transporte? ¿Y el ingente número de envases de plástico contaminantes generados para todos esos productos? Ya ni menciono el sobre envasado (esas magdalenas envasadas individualmente dentro de otra bolsa hacen que me explote la cabeza). Si le preguntas a un cubano te dirá que lo nuestro es mejor, que no tenemos su escasez y dificultades para conseguir ciertos productos. Entiendo su visión pero nuestro sistema productivo tampoco me parece la solución. Al menos en las condiciones actuales.

La última noche en Viñales la pasamos viendo el atardecer en una colina donde se veía el Sol esconderse entre las montañas con el pueblecito a los pies, y también cenando en un restaurante que habíamos descubierto, donde servían platos de comida típica cubana como la famosa Ropa vieja, que se trata de cerdo asado despiezado con arroz y frijoles, como siempre. El precio era tan bajo que era ridículo, ojalá se hubiese mantenido esa constante por el resto de Cuba. También fuimos a la plaza del pueblo, donde los sábados se corta el tráfico y montan puestecitos de comida y mojitos baratos, además de un escenario central con música en vivo. Tocaron todo tipo de bailes latinos y el público era una mezcla de turistas y lugareños entre los que había no pocos buenos bailarines que avergonzaron mis habilidades rítmicas mientras Alba se reía con gracia de mi, a ella se le da bastante bien. Al parecer la música la montaban todas las noches, sólo que en sábado era más espectacular y cortaban el tráfico.  

Atardecer en Viñales

De Viñales nos fuimos un lunes muy pronto en la madrugada, el grupo de argentinos también iba en el mismo bus, pero ellos se bajaron en Cienfuegos, localidad que no llegamos a visitar, nuestro siguiente destino era Trinidad.

CAP. 1 WELCOME TO LA HABANA AMIGO!

Este viaje comienza en el aeropuerto internacional de la Habana Jose Martí, un 30 de diciembre de 2019, tras un largo vuelo de unas 10 horas. 

Estas primeras líneas las escribí en el día número 20 de viaje, empezarlas antes no habría tenido sentido. Tras casi 3 semanas de viaje, la opinión está mejor formada en muchos aspectos, te sacudes algunos prejuicios de encima y matizas opiniones generalizadas fundadas en primeras experiencias. La persona que espere un análisis político social de Cuba, que sé que habrá alguien que estará esperando con ganas a que baje y me ensucie en el barro, que no espere conclusiones definitivas. Comunismo bueno o comunismo malo es una reducción al absurdo. Es cierto que he reflexionado mucho sobre este aspecto, pero es un análisis que abarca muchos ámbitos, en varios de los cuales siento que no estoy en posesión de conocimientos suficientes como para aventurarme a sentenciar y considero que es de necios dictar juicios rápidos. 

Sin embargo, este relato no está exento de reflexiones y divagaciones propias, sino todo lo contrario, pueblan el relato como la argamasa en un muro. Es el material que da sentido completo a la visión de lo que percibí viajando. Divagaciones y reflexiones bastante habituales del humilde servidor que escribe estas líneas, intentando entender el mundo con los pocos conocimientos atesorados. 

Volviendo al aeropuerto…

Tras pasar varios controles aduaneros llegamos a la puerta del aeropuerto, rondaban las 10 de la noche y ya empezabamos a sentir el calor del Caribe. Llega la fase de adaptación. Primero, la moneda. En Cuba coexisten dos divisas: el peso cubano, que es la moneda nacional, y el peso convertible, la divisa creada para los turistas y que no tiene ningún tipo de valor fuera de Cuba. La decisión de que circularan dos divisas la tomó el gobierno cubano en tiempos de extrema escasez, con miedo a una imparable devaluación de la moneda propia, pero en estos tiempos es más incómodo que otra cosa, y esta previsto eliminar la divisa inventada próximamente. El que no quiera pagar todo a precio occidental debe afanarse en el proceso de adaptación y memorizar el cambio. Por que el cubano, no siempre pero de forma habitual, bien motivado por la necesidad o bien por esa picaresca innata, gusta de jugar con la confusión del turista al manejar la divisa. En una oficina del mismo aeropuerto pudimos cambiar efectivo.

Yo venía preparado, o eso creía, y había averiguado por internet una combinación de autobuses para llegar al centro por un precio irrisorio. Pero en Cuba el autobús llega cuando llega y por allí no parecía tener intención de venir, además también estábamos preocupados por la hora de llegada a la casa donde íbamos a dormir. 

Plaza de la Revolución

Esa es la siguiente peculiaridad cubana que necesita introducción. En Cuba hay básicamente 2 tipos de alojamientos: los hoteles y las Casas de cubanos que arrendan habitaciones. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero irte a otro país a encerrarte en un hotel a todo incluido es una forma de viajar que juzgo con severidad. Nuestra preferencia en la forma de viajar y nuestro bolsillo tampoco admitían otro tipo de alojamiento que no fuera arrendar habitación. Las casas que ofrecen este servicio están por todas partes y su funcionamiento está completamente normalizado en Cuba. Para poder ofrecer ese servicio tienen que ofrecer unas condiciones de calidad mínimas. Éstas casas se identifican por un pequeño cartel en la puerta con el símbolo y el título de «arrendador en divisa». El precio varía dependiendo de la ciudad, barrio, época del año, y, por supuesto, la calidad del servicio; además, estos son negociables con los arrendatarios. 

Teníamos reservada una habitación en el distrito de Vedado, una zona históricamente residencial bastante tranquila de La Habana. Reserva previsora ya que era 30 de diciembre y temíamos tener dificultades para encontrar alojamiento a coste razonable durante estas fechas.

Tras una negociación con un taxista que nos asedió insistentemente (una constante por toda Cuba ya que oyes el ofrecimiento de taxis una media de 20 veces al día), utilizamos las habilidades sociales de Alba para compartir uno con dos francesas que iban a otro barrio más alejado y nos apeamos cerca de nuestro destino. La iluminación nocturna de las calles en Cuba deja bastante que desear, pero llegamos fácilmente gracias a una app GPS que funciona sin datos. ¿Cuánto tiempo de vida deambulando y preguntando me habrá ahorrado esta aplicación?

Nuestra primera familia anfitriona nos estaba esperando. Llegábamos reventados de cansancio y tras las presentaciones cordiales nos mostraron la habitación y toda una planta de la casa para nuestro uso, compartido con los alojados en otras dos habitaciones en caso de haberlos. Baño, cocina, salita de estar y una terraza de lo más agradable. Nos instalamos y nos acostamos directamente a dormir hasta la mañana siguiente.

La Habana quizás no es el mejor sitio para empezar un viaje por Cuba, a pesar de parecer el punto de partida más obvio. Es una bonita ciudad, bastante mal conservada, o al menos esa es la primera impresión que te llevas al venir de Europa. Y ese ojo acostumbrado al mal llamado primer mundo te empuja a que tu atención esté más atraída por el mal asfaltado de la calle y lo mal cuidados que están los edificios, con paredes que se caen y la falta de pintura en casi todas las fachadas. Este último dato me hizo acordarme mucho de mi madre y de lo que se preocupa de que Els Cossis esté siempre bien pintado y las jornadas completas invertidas en darle un repaso mano a mano al restaurante antes de la apertura de cada temporada.

No obstante, no dejó de fascinarme la abrumadora cantidad de edificios de arquitectura colonial poblando toda la ciudad. Por supuesto todos estarían declarados en semi ruina en España, pero aquí los habitan los cubanos sin aparentes problemas. Docenas de casoplones coloniales, que en mi pueblo natal serían declarados como mínimo monumentos de interés cultural, que disponen de verja de hierro forjado con florituras en el jardín, columnas señoriales con capiteles corintios en la entrada principal, portones gigantes por los que debía de pasar un carro de caballos hacia un patio interior…; ahora resultan en casas dividas en dos, cuatro o a veces bastantes más viviendas, separadas por paredes de ladrillo forzadas e improvisadas en la estructura original de la casa, y donde ahora viven varias familias, como buenamente pueden, con relación de sangre entre ellos o no.

Aún con todo esto, la arquitectura no es el motivo por el que no recomiendo La Habana como punto inicial del viaje, es por la jungla. Es la ciudad capital y más poblada de Cuba, de manera que hay mucha población con necesidad. Necesidad y picaresca no son buena combinación para el turista recién llegado, desorientado y acostumbrado a otras formas de trato. Me explico: es muy fácil ser enredado por un cubano muy simpático que se te ofrece a llevarte a una «fábrica o cooperativa», al bar dónde iba no se qué personaje histórico, o a su casa para beneficiarte de no sé qué descuento especial que solo él te puede conseguir o que justo termina hoy. Suena descabellado caer en algo tan obvio, pero se les da muy bien. Todo empieza siempre con un saludo muy cordial por la calle seguido de preguntas como de dónde vienes o, la pregunta estrella, cuántos días llevas en Cuba. Si a ésta última respondes con un alegre «¡es nuestro primer día!» te dan dos vueltas para aquí y para allá, que ni bailando salsa, y ya te atraparon. 

No quiero con esto dar a entender que me llevé una mala primera impresión de La Habana o los cubanos, de hecho todo lo contrario. La Habana es una ciudad muy divertida y en Cuba hemos conocido a gente maravillosa en todas partes. Simplemente constatar un hecho que vivimos en nuestras propias carnes y con el que, una vez adaptado al medio cubano, convives con facilidad.

Los hechos del 31 de diciembre transcurrieron durante un día largo en el que nos levantamos muy pronto y decididos a empezar a explorar. Andamos hasta el malecón, como conocen ellos a los paseos marítimos, sin nada especial a mi parecer, ya que es una simple acera a primera línea de mar, sin playa, ni árboles. Una carretera bastante transitada discurre también por ahí. Los vehiculos en Cuba son un tema aparte, de sobras conocido es el hecho de la facilidad de ver coches antiguos, o anticuados según se vea. Desde coches soviéticos de los años 40 que se dejaron de fabricar hace décadas a clásicos americanos descapotables cuidados con esmero y utilizados para realizar tours por la ciudad a los turistas. Más adelante, en otras partes de Cuba, también descubres los carros de caballos como transporte urbano, se trata de un caballo arrastrando un pequeño carro cubierto en el que caben unas 8 personas y funciona como un autobús urbano, realizando una ruta fija, en el que los cubanos se trasladan por la ciudad a bajo coste. O los bicitaxis, bicicletas arrastrando un transporte de 2 personas en el que vas sufriendo todo el tiempo por el sobresfuerzo al que se ve sometido el conductor. No pude evitar dejar una buena propina las dos escasas veces que nos vimos obligados a viajar en uno, a pesar de nuestro ajustado presupuesto, de lo mal que me sentí. 

Paseando por el malecón

Antes de llegar al malecón pudimos conversar con un señor que nos encontramos por la calle, había sido locutor de radio en la radio nacional durante 40 años, ahora ya jubilado, tenía buena conversación y gustaba de conocer gente, nos habló de un cantante español que desconocíamos, que le encantaba. Tras un tortuoso recorrido de varias horasbajo el sol del malecón, en el que no habíamos calculado bien las distancias, y tras ser convencidos en nuestra ingenuidad de recién llegados de realizar alguna compra de dudoso beneficio y credibilidad, llegamos al barrio de la Habana Vieja, la parte más antigua de la ciudad, donde estuvimos el resto del día. Al venir de Europa uno está acostumbrado a que el centro de una ciudad sean viejas y estrechas calles empedradas, con formas laberínticas, edificios extremadamente antiguos, grandes catedrales en la parte más alta. No en el «Nuevo Mundo». Estructura de diseño colonial de perfecto trazado cuadricular, con amplias plazas, y eso sí, una bonita Catedral, de bonita arquitectura del ya nombrado estilo colonial, diferente a lo que estamos acostumbrados por allá. También muy interesante el Capitolio, vestigio de otros tiempos donde las relaciones con los EEUU fueron mejores. Recientemente le han dado un revestimiento dorado a la cúpula, decisión muy cuestionable a mi entender, tanto estéticamente como pragmáticamente. ¡Como si el gobierno no tuviera inversiones mejores que hacer! No dudamos un segundo en visitar la Bodeguita del Medio, histórico lugar, ahora ya enfocado al turista que viene a realizar su turistada. Pero importante para algunos de nosotros, declarados admiradores de Ernest Hemingway, quizás más admiradores del personaje que del escritor, por supuesto sin querer menospreciar ni una pizca. Admiradores al fin y al cabo. Nos tomamos un mojito a su salud que nos gustó bastante. Luego seguimos tomando cervezas y paseando durante todo el día, picando algo en puestecitos de comida de la calle.

Había mucho turista, también mucho comercial vendiendo su restaurante para la cena, recordemos era fin de año. Vimos una bonita plaza donde estaban montando un escenario y unas carpas pequeñas. Al preguntar nos dijeron que era para el día uno, que iban a festejar el día de la Revolución, edición 61, y nos tomamos buena nota. Tras consultar mil restaurantes con sus respectivos comerciales vendiendo su menú super especial de fin de año que es mucho mejor que el del restaurante de al lado, nos decidimos por uno, bastante escondido en una primera planta de un edificio, un poco más alejado de las calles principales, buen precio, buena comida, muy familiar, y nos dieron buena conversación. El propietario protestaba entredientes del sistema cubano, decía ser propietario de tres restaurantes en La Habana, pero que a pesar de esforzarse y trabajar duro no le dejaban progresar. Ese fue un comentario bastante común a lo largo del viaje por Cuba, proveniente siempre de personas que, en su misma posición laboral, probablemente se habrían enriquecido en otro país capitalista. También oímos las primer críticas a Donald Trump, no vi ni un solo cubano que le tuviera la menor simpatía. Al parecer con Obama creció bastante la llegada de turistas norteamericanos a Cuba, además de liberarles un poco del vergonzoso bloqueo comercial al que tienen sometido al pequeño país caribeño desde hace ya 60 años y que tantas veces ha sido denunciado en la ONU. Parece que Trump volvió a endurecer el bloqueo y además se han cancelado varias conexiones aéreas desde los EEUU, disminuyendo en gran cantidad el número de turistas que llegan hoy en día desde allí y por consiguiente la cantidad de ingresos venidos del turismo.

Catedral de La Habana

Volviendo a La Habana, nos recomendaron que no estuviéramos por las calle cuando sonaran las 12 de la noche, que la costumbre era lanzar agua a la calle para celebrar, pero que esa tradición había denigrado en lanzar todo tipo de líquidos, como agua sucia de fregar, entre otras repugnancias. No nos quisimos arriesgar a contagiarnos de super sida y decidimos volver a la casa a una hora más o menos prudencial para no pasar el mal trago, cometimos el error de volver a pie para ahorrarnos el autobús y eso desembocó en llegar a la casa más cansados todavía de lo que habíamos llegado la noche anterior. Estábamos dispuestos a darnos una ducha rápida y ir a un lugar que sonaba muy interesante para ir, la Fábrica de arte, una antigua fábrica ahora convertida en galería de exposiciones, sala de conciertos, etc. En el que según decían se pasaba muy bien saliendo por la noche. La realidad es que por la tarde nuestro nivel de ebriedad fue bastante decente, todavía conectados a la zona horaria española. Fue inevitable que llegar a casa cayeramos muertos en la cama, nos despertamos con los fuegos artificiales de las 12 de la noche, nos levantamos un momento a ver si los veíamos, nos felicitamos mutuamente el año nuevo, y nos volvimos acostar a dormir. Con lo que hemos sido nosotros, que no se nos ha resistido ninguna fiesta, los asistentes al Flower Pirate Fest son testigos de ello, y vernos por estas soledades, un fin de año en La Habana desperdiciado. Vergüensa.

Por suerte al día siguiente lo compensamos, y nos pegamos lo que se conoce como un buen festejo. Decidimos aprender a utilizar el transporte público, para ahorrar fuerzas y tiempo, y a tener paciencia, «la guagua pasa cuando pasa» nos dijo un cubano alegre. Antes de festejar cumplimos con la parte cultural, primero visitamos el Museo de la Revolución, al que personalmente le tenía muchas ganas, aunque me decepcionó un poco por el poco contenido del mismo. Sí que fueron impactantes los disparos en la fachada, de la batalla que hubo durante la misma Revolución, ya que era el antiguo Palacio del Gobierno del dictador Batista. También los carros blindados llenos de disparos. El plato fuerte del museo era el Grandma, el barco con el que viajaron Fidel, el Che y unos pocos valientes desde México hasta desembarcar en Cuba para iniciar la Revolución, estaba expuesto dentro de una vitrina y bien vigilado en el patio del Museo.

Tras la visita empezó a pesarnos la falta de festejos y El Floridita nos quedaba cerca, así que decidimos hacernos un daiquiri en el lugar que dicen vió nacer a este cóctel, y lugar también donde el bueno de Hemingway gustaba de tomárselo, nos sobraron razones para ir.

Aquel día terminó en la plaza donde la tarde anterior habíamos descubierto que se realizaría fiesta, no hay que olvidar que el 1o de enero en cuba es el día de la Revolución. Alba descubrió que en Cuba el año nuevo se felicita con un «felicidades!»,  y abusó de la palabra durante una semana, felicitando hasta a las palomas. Nos lo pasamos muy bien viendo las Ruedas de Casino, difíciles de explicar, un grupo de bailarines, normalmente no menos de diez parejas, aunque según dicen las más grandes pueden llegar a 50 parejas, realizan pasos de baile de ritmos latinos, cambiando de pareja constantemente, a una velocidad vertiginosa y completamente acompasados, sus vestimentas también destacan, elegantes cual alto embajador de Wakanda. Consumimos unas cervezas baratas, nos comimos un pollo con arroz, con las manos (no hay dinero para plásticos desechables), y nos fumamos nuestros primeros puros cubanos. Varios artistas salieron a cantar y actuar al escenario, fue una buena fiesta, compensatoria por el agravio de la noche anterior. 

Capitolio por la noche

Al día siguiente fuimos a comer a un restaurante que nos habían recomendado, en frente del Capitolio, de origen asturiano. Más de cien años de tradición los avalan, comida abundante y deliciosa, buen precio, y bonito lugar, solo lamenté la cola que nos comimos para entrar, eso y que se nos olvidó sacar dinero en un cajero y en Cuba no existen las máquinas de pago con tarjeta, tuve que salir corriendo en busca de un cajero que no resultó estar cercano mientras Alba esperaba en el restaurante con la cuenta en la mesa. Trágico y cómico, como la muerte de un payaso. Al llegar a casa nos encontramos con toda la familia de la casa en la que nos alojábamos, pues estaban celebrando el fin de año, debido a que la noche del 31 habían trabajado casi todos y habían acordado celebrarlo juntos el día 2. Eran un montón, nos invitaron a comida deliciosa y a ron. Tuvimos una larga y divertida charla con todos ellos, nos enseñaron fotos antiguas de cuando la abuela era modelo, allá por los años 70, e incluso en algún momento en conversación más privada nos abrieron su corazón. Un abrazo para todos ellos si leen esto, especialmente a Marta, Haymee, Jorge y a Alejandro. 

Cenando en la terraza con Alejandro

El día siguiente fue un día de viaje, uno de los muchos que tuvimos en Cuba, pero éste fue el primero, así que estábamos desinformados y poco habituados. Fuimos a la terminal de autobuses de Viazul, cerca de la gigantesca Plaza de la Revolución. Viazul es la forma más habitual de viaje del turista en Cuba, son unos autobuses típicos, de 2 asientos por lado y pasillo en medio, generalmente en un estado que en España calificaríamos de vergonzoso pero en las limitaciones de Cuba te parecen aceptables e incluso deseables. Todos disponen de WC en un pequeño habitáculo al final del autobús, pero en ninguno de ellos funciona y permanecen cerrados con llave, al menos así fue en la docena de buses que nosotros utilizamos. No son un medio de transporte barato (los cubanos viajan en unos idénticos llamados Omnibus, baratisimos, pero a los turistas no nos dejan viajar en ellos), no tienen muchas plazas, ni son rápidos, pero son «lo que hay». La otra opción es pagar un carísimo taxi, o viajar en los llamados colectivos, los cuales también probamos en alguna ocasión sin terminar muy contentos. Los colectivos son un poquito más baratos pero ofrecen bastante malas prestaciones, a veces son camiones adaptados a un psuedoautobús. Para trayectos cortos sirven, pero en Cuba las carreteras son terribles y 300 km pueden costar 5 h de recorrido o más. Deducción final: Viazul siempre que se pueda, intentando ser un poco previsores y sacando billetes con antelación dentro de los márgenes de libertad de acción que te quieras dar. Lo bueno es que si no quedan plazas siempre se puede «ir al fallo». Ir al fallo significa que alguien que tenía reserva no ha acudido y queda su plaza libre, para poder acceder a esta posibilidad tienes que estar bastante pronto en la estación y rezar muy bien, nosotros debimos ser medio santos varias veces y pudimos viajar por fallo cuando lo necesitamos.

La familia de La Habana nos había recomendado encarecidamente que visitáramos Viñales, en la provincia Pinar del Río, la zona más al oeste de Cuba, por su belleza natural, sus fábricas de puros, sus playas y su precio reducido. Nos encajaba para empezar un itinerario de oeste a este y regresar a La Habana al finalizar, así que eso es lo que intentamos en la terminal. La cola y la organización para adquirir el billete era desastrosa, y el oficinista que nos vendía el billete nos dijo claramente que si lo queríamos teníamos que sobornarle personalmente con 20 doláres. Fue el acto más indecoroso que me ha realizado ningún cubano en este viaje. Al final tuvimos suerte de conocer a dos parejas de argentinos que también iban al fallo como nosotros, una de dos amigas, Sol y Ailin; y otra de dos amigos, Julián y Mati. Con los cuatro entablaríamos una gran relación y pasaríamos varios días juntos, entre todos nos ayudamos un poco y al final pudimos conseguir los billetes para Viñales tras no pocos apuros.