CAP. 8 VARADERO NUBLOSO Y RETORNO A LA HABANA

Para el que no conozca Varadero, cosa difícil dada su fama como destino turístico, no requerirá de mucha introducción. Es una península de forma alargada, con mar a ambos lados, a modo de la Manga del Mar menor en Murcia, con la diferencia de que son 22 km de playa caribeña.

En esta zona es más fácil encontrar servicios. Y muchísimos hoteles pueblan la delgada línea de costa. La ventaja es que hay tantísimos kilometros de playa que no encontramos masificación. Si que quiero destacar el azul del agua, pudimos distinguir hasta cuatro o cinco tonos distintos. Del turquesa al azul más oscuro. 

En Varadero si está nublado no hay nada que hacer. Así que aparte de pasear por la playa y curiosear el barrio donde teníamos la habitación arrendada no hicimos mucho más. Allí conocimos a una pareja de italianos de mediana edad, con los que coincidimos varias veces por casualidad. Resultaba que también estaban viajando por largo tiempo, venían de México y iban a volver, nos dimos el contacto para tal vez vernos en el Yucatán. 

Al día siguiente regresamos a la Habana, a la misma casa donde nos habíamos alojado 20 días atrás. Parecía que fue hace una eternidad. La impresión que nos dio La Habana fue radicalmente distinta a la que nos dio la primera vez. Esta vez no nos llamó la atención su estado ruinoso, ya habíamos acostumbrado el ojo. Nos quedamos mirando sus grandes edificios coloniales y palacetes. Cuan importante es la perspectiva.

Nos recibieron especialmente bien en la casa. Estuvimos hablando con la familia hasta largas horas de la noche de nuestro viaje, de nuestra visión de las cosas, de la política cubana sin tapujos… Genial.

Si no fuera poco, la familia habló con una escuela cercana para que Alba pudiera ir un día a ver una jornada de clases de primaria y lo consiguieron. Alba pudo así realizar el objetivo que tenía en mente cuando ya parecía que no iba a poder. 

También fuimos por fin a la Fábrica del Arte Cubano, la discoteca museo de arte a la que no pudimos ir por dormirnos en fin de año. Escribo estas líneas en México, pero hasta el momento es el local de fiesta que más me ha gustado nunca. Una antigua fábrica reformada en museo que por la noche se convierte en discoteca. Un laberinto de pasillos con muchísimas salas, con diferentes estilos musicales, entre obras de arte moderno y gente bailando pasándoselo en grande. Además el precio de la entrada era muy barato, y la bebida también. Nos gustó muchísimo ese lugar y lamentamos no poder haber ido más. 

También dimos unos últimos paseos por La Habana vieja, vimos la ceremonia de los cañones de las 9 de la noche, que consiste en un disparo de cañón desde la fortaleza del Morro, al otro lado de la bahía de La Habana, disparados apuntando siempre hacia los EEUU. Nosotros lo vimos desde el malecón, bueno, lo oímos, ya que se ve bien poco.

La travesía hasta el aeropuerto el día de despedida no fue fácil, suerte que nos acompañó la familia hasta el lugar donde se agarraba el autobús, aún así luego tuvimos que subir en un bicitaxi para completar la travesía y llegar al aeropuerto por un camino de campo ya que no permitían a los bicitaxis llegar al aeropuerto, cosas que solo pasan en Cuba.

Aquí termina el viaje por Cuba, próximo destino: México!!

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