Santa Clara, o Villa Clara, todavía no sé cuál es su verdadero nombre, pues algunos se le refieren por un nombre y otros por otro, no tiene mucho que ver, pero lo poco que tiene era para mí una visita obligada y quizás una de las que esperaba con más ganas.
Santa Clara fue el lugar donde ocurrió una de las batallas más importantes de la Revolución. Donde las fuerzas del por entonces ejército rebelde revolucionario tomaron la ciudad y asaltaron un tren blindado con infinidad de armas de gran calibre que traían para el ejército del dictador Batista, probablemente facilitadas por los EEUU. Ésta fue la batalla que encumbró al Che como guerrillero y comandante militar, cuando, con muy pocos hombres y muy pocas armas, consiguieron hacer descarrilar al tren y hacer rendirse a los soldados que viajaban en el, no sin dificultad, gracias a tácticas de guerrilla. Terminaron apoderándose de todo el armamento que transportaban. Como homenaje a la heroica batalla, el gobierno revolucionario dejó los vagones del tren en el mismo lugar donde descarriló, y habilitó la zona como área de museo, con explicaciones de la guerra de la Revolución. Santa Clara también tiene una bonita plaza central donde pasar un rato, pero el verdadero monumento que yo necesitaba visitar era el mausoleo del Che.

Cuando el Che murió en Bolivia, pasó treinta años enterrado en una fosa olvidada, junto a sus compañeros de batallón. No fue hasta 1997 cuando se descubrieron sus restos y el gobierno boliviano decidió entregárselos a Cuba. Fidel decidió erigir un mausoleo para honrar su figura, que para finales de los 90 ya se había convertido en la figura mediática mundial que es hoy en día. El mausoleo consta de una gran estatua central, rodeada de otras esculturas artísticas todas relacionadas con el Comandante. Abajo tiene un subterráneo donde descansan él y todo su batallón en sencillas lápidas. También hay toda una zona de museo con pertenencias del mismo Che y sus compañeros, donde se repasa su vida. He visitado varias tumbas a lo largo de mi vida, la mayoría por estar ubicadas en algún tipo de monumento. Pero las únicas dos tumbas que visité específicamente para mostrar mis respetos a la persona que allí descansa fueron la de J.R.R. Tolkien, en un sencillo cementerio de Oxford, Inglaterra; y ésta misma. Dudo que al Che le gustara tanta grandiosidad como lugar de descanso, pero mejor así que en una fosa olvidada de Bolivia. Soy consciente de que fue una figura de luces y sombras, pero no puedo dejar de respetar a un hombre, que encontrándose en una situación de vida cómoda y fácil, de buena familia y licenciado en medicina en Argentina, decide abandonar todo y, tras dos viajes conociendo Latinoamérica, ampliando sus conocimientos y afirmando su ideología, termina enrolándose en una misión suicida para liberar a un país que se encuentra a miles de kilómetros del suyo en el cual nunca había estado, y salir victorioso. No contento con eso, lo volvió a hacer, siendo ya un héroe en Cuba, ministro, comandante y lo que hubiera querido, decide volver a dejarlo todo y iniciar otra misión suicida en busca de liberar otro país, esta vez perdiendo la vida. No reconocer su valentía es no tener ojos. Al terminar me compré un libro en una librería que había al lado, y Alba alguna postal para su colección.

Salimos de Santa Clara por la tarde, con los corazones llenos de sentimientos ideológicos, para meternos en la boca del lobo del capitalismo en Cuba, llegamos a Varadero. No había nada en Varadero que nos llamara en demasía la atención como para ir, pero ya no quedaban transportes hacia La Habana, y mi curiosidad profesional quería ver como era una zona de hoteles resort. Aunque no nos alojamos en ninguno y nos mantuvimos fieles a las casas arrendadas de cubanos, puesen el barrio de Santa Marta de Varadero había bastantes, y a solo quince minutos a pie de la famosa playa.