CAP. 3 LE LLAMABAN TRINIDAD

Llegamos a Trinidad al mediodía, en la estación había un taxista en concreto, entre los muchos que había esperando a la llegada de turistas, que portaba un cartel con nuestros nombres, esto se debía a que la familia con la que nos alojamos en La Habana se puso en contacto con un contacto de Trinidad para hacernos la reserva y esta nos había mandado a un taxista a buscarnos. Decisión que suelen tomar para que no les roben las reservas los dueños de otros alojamientos. 

Trinidad es una preciosa ciudad en la zona central de Cuba, junto a la costa sur de la isla. Bonita ciudad sobretodo en la zona del centro, declarada Patrimonio, con unas llamativas casas de colores e iglesias de estilo colonial, en empedradas y estrechas calles. Llamaba mucho la atención como por el centro de muchas de éstas corría un pequeño riachuelo incesantemente, al parecer era un problema con las cañerías del agua potable, que se habían tomado con mucha calma para reparar, y, en ese momento, a pocos días de la visita de una delegación del gobierno, estaban reparando a toda prisa. Trinidad, además, se encuentra en una ubicación idónea para realizar excursiones en las zonas próximas: Playa Ancón a apenas 8 km, la mejor playa de la costa sur de Cuba. El Valle de los Ingenios a unos 15 km hacia el este, una zona rural con pequeñas aldeas donde se encontraban las principales explotaciones de azúcar de Cuba, con grandes haciendas muy bien conservadas. Los Topes de Coyantes a 20 km hacia el norte, empinadas montañas con rutas a caballo y algunas cascadas. Esta última excursión no la realizamos. Y es que para realizar las excursiones la forma más habitual es ir en taxi por un coste nada barato por cabeza, o mixto de taxi y rutas a caballo, que descartamos por motivos ya explicados.

Calles de Trinidad

Nuestra anfitriona respondía al nombre de María, una muy agradable señora mayor con la que hicimos también gran amistad. En su casa nos sentimos muy cómodos, la habitación arrendada estaba separada de la casa, con un bonito patio entre ambas estancias. Hasta el momento parece que todos los anfitriones fueron maravillosos y esto deja una sensación de poca credibilidad. Si bien no tuvimos absolutamente ningún problema en ninguna casa cubana arrendada, las amistades que hicimos en estos tres primeros alojamientos fueron las más fuertes de nuestro viaje por Cuba, llegándonos a añadir en redes sociales para poder mantener el contacto al irnos, hecho que efectivamente seguimos haciendo en mayor o menor medida. María nos cocinó, nos presento a su hijo por videollamada, que vive en España, nos hizo varios regalos para llevarnos de vuelta a España, nos lavó la ropa… Muy agradecidos.

El primer día al llegar a un nuevo destino siempre fue de ubicación de los puntos de interés de la ciudad, del alojamiento, de qué se puede hacer y ver, y de comprar comida para cocinar, con el tiempo que ello requiere dada la soberana escasez. 

El segundo día lo invertimos yendo a la playa, Playa Ancón es una playa de tamaño grande, en la que ya se estaban empezando a construir los malditos resorts, pero de momento solo había un par de hoteles. Arena blanca caribeña, tres tonos de azul distintos en una agua muy clara, agradables palmeras… Que bien se vive, en el Caribe! Estuvimos un par de horas jugando a voley con clientes del hotel, y vimos uno de los mejores atardeceres que disfrutamos en Cuba. El precio de disfrutar el atardecer en la playa fue caro por que nada más anochecer fuimos atacados por los mosquitos. Por suerte no un mosquito gigante como el mosquito tigre que puebla España, sino unos diminutos insectos casi transparentes que dejan unas picadas diminutas inofensivas pero molestas, los cabrones son inmunes al repelente y pican sin piedad. Al día siguiente conté no menos de cien picotazos solo en las piernas.

Atardecer en Playa Ancón

Para el tercer día estábamos indecisos con las excursiones por su alto coste. Tras darle muchas vueltas y estudiar la situación decidimos escapar por la tangente y nos alquilamos una moto tipo scooter, no sin poca dificultad para encontrarla, a un precio inferior a cualquiera de las excursiones. Gracias a la moto pudimos ir al Valle de los Ingenios y volver a la playa en un mismo día, completamente a nuestro aire. El tráfico además en esta zona era muy tranquilo y el asfalto, en comparación con otros lugares de Cuba, estaba en excelentes condiciones.

Al Valle de los Ingenios se llega en 20 minutos, no es un punto concreto, sino varias villas pequeñas. El primer punto fue un mirador desde donde se podía admirar buena parte del Valle en una vista espectacular. Había una tirolina de larguísima distancia entre dos montañas. Si no hubiese hecho un viento tan fuerte como el que hizo ese día nos habríamos tirado, sin duda. Como ya he mencionado, en este valle se encontraban las principales haciendas de plantaciones de azúcar de Cuba, éstas, en algunos momentos del siglo XVIII, se ubicaron entre las mayores exportadoras de azúcar a nivel mundial. Por supuesto, en estas haciendas quién trabajaba eran esclavos negros traídos directamente desde África, al mismo modo que en las plantaciones de algodón de los estados sureños de los Estados Unidos.

Rider on the storm

Es una buena ocasión para hablar de la genética cubana. Cuba no tiene un prototipo genético indígena fácil de identificar, como sí tienen de forma muy evidente países como Ecuador o Perú, con personas bajitas, de tez morena, caras redondas pelos lisos y hombres lampiños… En Cuba se encuentra una mezcla genética que no encontré en ningún otro lugar del mundo. Hay tres grandes grupos influyentes: la genética indígena, de aspecto típicamente indio americano, difícil de identificar en la población, únicamente en pelos largos oscuros y lisos, o rasgos como alguna nariz grande y ancha; la genética española y blanca en general, heredada de los conquistadores españoles que habitaron en Cuba más tiempo que en ninguna otra colonia española de ultramar, se identifican fácilmente sus rasgos en la cantidad de personas de raza blanca que hay, en las barbas de algunos hombres o en los ojos claros; y por último la genética africana, proveniente de los esclavos africanos, con todas las típicas características de las personas de raza negra, el color, la gran altura, las facciones marcadas, el pelo rizado, etc. Lo realmente llamativo y fantástico es la mezcla total entre estos tres tipos además de otros. Dando resultado en familias de tres hermanos en los que resultan uno blanco, uno negro y, cómo no, uno mulato. Dada la historia de Cuba del último siglo, este hecho se acrecentó, no fue difícil ver negros con ojos achinados por tener algún familiar asiático, mulatos de ojos muy claros, y demás mezclas que le dan a Cuba una diversidad poblacional muy amplia y llamativa en una sociedad que no conoce el racismo de ningún modo.  

En la aldea más grande del valle, llamada Manaca Iznaga, probamos el jugo de azúcar, una bebida sacada directamente de la caña de azúcar con una extraño aparejo manual de gran tamaño por el que se pasan la cañas y las «exprime». Una bebida dulce en extremo, no nos pudimos terminar ni el vaso. En esta pequeña aldea, poblada de pequeños puestos de venta ambulante cual mercadillo, también puedes subir a un enorme campanario, visible prácticamente desde toda la zona, al estilo ciudad imperial del Elder Scrolls Oblivion. Infinidad de pisos de estrechas y empinadas escaleras hasta la última planta, donde gozamos de una espléndida visión de 360 grados de todo el valle. Curiosamente el campanario se alzaba en solitario, y no estaba adosado a ninguna iglesia, ni había ninguna cercana. Desconozco si por derrumbe o por que nunca llegó a haberla. 

Campanario de Manaca Iznaga

Otros lugares históricos cercanos a los que llegamos con la moto fueron la antigua estación de ferrocarril, ahora museo, que servía para transportar todo el azúcar producido hasta el puerto, y un par de haciendas. Destaca la Hacienda Guaimaro, ahora declarada sitio histórico. En el siglo XVIII era regentada por un marqués español, que poseía más de 350 esclavos. Ésta hacienda llegó a ser la mayor productora de azúcar a nivel mundial. Hoy en día es un pequeño museo, la verdad es que el edificio es bastante impresionante. Pero allí ya no se cultiva azúcar y, afortunadamente, tampoco hay esclavos.

Hacienda el Guaimaro

La otra excursión, la de los Topes de Coyantes, no era un lugar al que se pudiera llegar con una scooter, por lo empinado de la carretera, la larga distancia, y la cantidad de curvas. Declinamos la posibilidad de verlo y lo que hicimos por la tarde fue volver a la playa. Al atardecer devolvimos la moto justo a tiempo antes de que cerraran. 

El siguiente destino fue Santiago de Cuba, debería haber sido Camagüey, lugar al que teníamos que visitar forzosamente por motivos que ya explicaré cuando llegue su propio capítulo, pero no nos encajaba llegar en fin de semana. Tras estudiar los horarios de buses de Viazul decidimos llegar al extremo oriente de la isla e ir regresando.

La mañana siguiente nos despedimos de María y de la ciudad de Trinidad. Y nos embarcamos de nuevo en la guagua. Perdí la cuenta de la cantidad de horas de viaje que llegamos a hacer, sólo sé que en los primeros veinte días de viaje me llegué a leer tres libros completos. Leyendo únicamente en el transcurso de viajes de autobús y algún rato corto antes de dormirme en la cama. Para las mentes más curiosas fueron La isla del Tesoro, el primero de la saga de The Witcher, y Tokio Blues. Éste último me dejó tocado y fue cuando decidí dejar de leer por unos días y empezar a escribir.

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