Llegamos a Viñales tras varias horas de trayecto y una breve parada en un lugar llamado Las Terrazas, de gran belleza natural. Un apacible lago rodeado de frondosas montañas.
Viñales es un pequeño pueblo en una llanura rodeado de montañas y valles, sin grandes edificios y bastante tranquilo en comparación a la ciudad. El lugar más bonito de los que vi en Cuba. Tiene fama de ser una zona rural y de vivir todavía de la agricultura y de sus famosas fabricas de puros, pero no es verdad, el turismo ya ha llegado aquí también, con sus cosas buenas y malas. Buenas como la gran oferta de alojamientos de casas de familias, prácticamente todo el pueblo tiene una habitación disponible para la renta, buenas como la «facilidad» para encontrar los servicios que necesitamos los extranjeros (agua embotellada, cajeros, tiendas de comida, y bares baratos). Luego me extenderé en este tema de la adquisición de productos.
Como hicimos gran amistad con el grupo de argentinos decidimos alojarnos todos en el mismo lugar, rentamos 3 habitaciones dobles a una familia adorable que nos trataron de forma increíble. Franc, María Antonia y el resto de la familia no trataron de forma excelente durante las tres noches que nos alojamos allí. Nos dejaron utilizar su propia cocina, nos llevaron a una plantación de tabaco con visita gratuita. Allí vimos el proceso de creación de los famosos puros de Viñales, donde los realizan 100% ecológicos sin ningún añadido químico, incluso nos regalaron uno que nos fumamos allí mismo. El filtro que utilizamos para fumarlo fue miel, dato completamente desconocido para todos nosotros y que le dio al puro un toque genial. Me gustó como el chico que nos hizo la visita nos explicó todo el proceso del tabaco, se nota que tenía muchos conocimientos del tema. Su familia hacía doscientos años que trabajaban en esa misma plantación y fábrica de tabaco. También él fue otro que no estaba muy contento con el gobierno cubano, ya que este se quedaba el 90 % de el tabaco producido, y solo les dejaban el 10 % para la venta y beneficio propio. Se ve que también les daban el material de cultivo, salario y algún beneficio más pero sobre esos datos no nos concretó mucho.

Con el grupito de argentinos hicimos gran amistad, las chicas nos dieron una lección de perseverancia al hacer la compra. Estuvimos persiguiendo al carro de la fruta por todo el pueblo, preguntando en cada esquina, hasta que lo encontramos, y pudimos comprar. A ellas, al ser veganas, les corría más apuro. Pero fue una lección de como comer barato que nos aplicamos a nosotros mismos para el resto del viaje. Mención a parte merece la fruta de Cuba, la piña, que en España no puedo comer más de una rodaja por que me parece muy ácida, en cuba me la puedo comer entera. Tienen varios tipos de plátanos de distinto tamaño, y un montón de frutas con la letra Y o que parecen nombres de aves tropicales. Guayaba, papaya, guanabana y no sé cuantas más. Pudimos descubrir muchos sabores nuevos para nosotros.
También fuimos en grupo juntos a la playa, concretamente a Cayo Jutías. Una paradisíaca playa caribeña a la que nos costó llegar 1 hora larga de trayecto en un camión adaptado a autobús que nos reservó Franc en el que iban más turistas. Especialmente cómicos un grupito de americanos que ya subieron borrachos. En el camión nos juntamos con otra pareja de argentinos y un uruguayo. Con tantos miembros argentinos y uruguayos fue inevitable que nos introdujeran en la cultura del mate. Esa infusión de hierbas que se toma compartiéndola, a modo de socialización, a la que están adictos. Se llevan el termo y la taza a todas partes. Está rico.
En Viñales también son típicas las excursiones a caballo, pero ni el presupuesto nos llegaba, ni las chicas querían montar, a Alba tampoco le hacía nada de gracia, sufre al verlos. Así que nos fuimos los seis del grupo hispano-argentino una mañana de excursión a pie, hasta el mural de la prehistoria. El mural de la prehistoria es una ida de olla, según dicen, del mismísimo Fidel Castro. Cuentan que sobrevolaba la zona un día en helicóptero y, al ver una de las montañas cercanas a Viñales, con un corte limpio gigantesco, mandó que se hiciera allí sobre tan grande lienzo una pintura artística sobre la evolución del ser humano. Y que se lo encargó al mismo Diego Rivera, que al parecer solo dirigió el trabajo. Desconozco si tan pintoresca historia es real pero no se me ocurre una explicación mejor para tan extraña obra. La caminata hasta el mural discurre por un precioso valle entre las montañas con unas increibles vistas. Solo en Vietnam había visto parajes más bellos. Apenas unas pocas granjas pueblan la zona, con sus animales sueltos. Al llegar al mural decidimos avanzar un poco más. La conversación del grupo fue exquisita. Me quedé muy sorprendido del nivel de conocimientos políticos y activismo que tenían estas dos parejas que ni se conocían antes del viaje. Pude aprender un poco sobre política argentina, del peronismo, de Macri, y también de historia política de Sudamérica. Sentí envidia sana de las inquietudes que tenían estos jóvenes argentinos, en España es difícil encontrar jóvenes con éstas y con estos conocimientos históricos y políticos, incluso en el entorno universitario.

Sobre la dificultad de comprar comida y otros productos, que mencioné algunos párrafos atrás, me gustaría matizar. En Cuba todo escasea, los «supermercados» por llamarlos de alguna manera, se quedan sin producto, así como los bares y restaurantes. Puede llegar a ser bastante molesto y requiere de desarrollar tu paciencia a la hora de hacer la compra. Los cubanos ya están acostumbrados. Este hecho me hizo reflexionar. ¿Es mejor nuestro sistema con grandes supermercados a rebosar, en los que cada día se tiran kilos y kilos de comida a la basura? ¿Es mejor nuestro sistema, en el que toda esa cantidad de producto requiere de inmensa cantidad de energía para su producción y transporte? ¿Y el ingente número de envases de plástico contaminantes generados para todos esos productos? Ya ni menciono el sobre envasado (esas magdalenas envasadas individualmente dentro de otra bolsa hacen que me explote la cabeza). Si le preguntas a un cubano te dirá que lo nuestro es mejor, que no tenemos su escasez y dificultades para conseguir ciertos productos. Entiendo su visión pero nuestro sistema productivo tampoco me parece la solución. Al menos en las condiciones actuales.
La última noche en Viñales la pasamos viendo el atardecer en una colina donde se veía el Sol esconderse entre las montañas con el pueblecito a los pies, y también cenando en un restaurante que habíamos descubierto, donde servían platos de comida típica cubana como la famosa Ropa vieja, que se trata de cerdo asado despiezado con arroz y frijoles, como siempre. El precio era tan bajo que era ridículo, ojalá se hubiese mantenido esa constante por el resto de Cuba. También fuimos a la plaza del pueblo, donde los sábados se corta el tráfico y montan puestecitos de comida y mojitos baratos, además de un escenario central con música en vivo. Tocaron todo tipo de bailes latinos y el público era una mezcla de turistas y lugareños entre los que había no pocos buenos bailarines que avergonzaron mis habilidades rítmicas mientras Alba se reía con gracia de mi, a ella se le da bastante bien. Al parecer la música la montaban todas las noches, sólo que en sábado era más espectacular y cortaban el tráfico.

De Viñales nos fuimos un lunes muy pronto en la madrugada, el grupo de argentinos también iba en el mismo bus, pero ellos se bajaron en Cienfuegos, localidad que no llegamos a visitar, nuestro siguiente destino era Trinidad.